1. Introducción

Introducción

Cuando se desea desarrollar la salud mental en un individuo o una población, se tienen que tomar en cuenta varios conceptos, estudios sobre ella y su relación con la inteligencia emocional.

En primera instancia, sobre la salud mental, la OMS alude que no se trata solamente de la ausencia de trastornos mentales, sino de un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva, fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. Asimismo, según la OMS, la salud mental incluye conceptos como bienestar subjetivo, autonomía, reconocimiento de la habilidad de realizarse intelectual y emocionalmente (OMS, 2007; OMS, 2009).

 

Entonces se entiende que la salud mental es el bienestar que una persona experimenta como resultado de su buen funcionamiento en los aspectos cognoscitivos, afectivos y conductuales, ayudando al despliegue óptimo de sus potencialidades individuales para la convivencia, la recreación; y el papel del desarrollo emocional es un complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de una persona integral.

Sin embargo, la pregunta lógica es ¿cómo es que construimos la salud mental? o, ¿qué herramientas nos podrían ayudar a construirla? En un intento de responder estas preguntas, se topa uno con el concepto de Inteligencia emocional; el cual se encontró por primera vez en 1990 por Mayer y Salovey. Estos autores definieron la inteligencia emocional como o “la habilidad de percibir con exactitud, valorar y expresar emociones; la habilidad de acceder o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad de comprensión emocional y conocimiento emocional; y la habilidad de regular emociones para promover el crecimiento intelectual y emocional”. (citado en: Ahumada, F., 2015). En palabras más simples, la Inteligencia Emocional (IE) es la capacidad de reconocer entender, manejar nuestras propias emociones y reconocer, entender e influir en las emociones de los demás. Es decir, tomar conciencia de las emociones involucradas en nuestras conductas y como afectan a otras personas.

 

Estudios han demostrado que existe una relación significativa y positiva entre Inteligencia emocional y salud mental. Los resultados de dichos estudios indican que niveles elevados de inteligencia emocional se relacionan significativamente con bienestar emocional y salud mental, es decir que, a mayor inteligencia emocional, mayor salud mental. Asimismo, niveles bajos de inteligencia emocional se relacionan con ciertos problemas emocionales, mayor ansiedad, depresión y estrés, problemas de personalidad y tendencia a conductas adictivas. Por lo tanto, según estos estudios las personas emocionalmente inteligentes, tendrán una mejor salud mental. Incluso, estudios afirman que se puede considerar a la IE como un factor protector frente a la aparición de trastornos psicológicos, como la ansiedad o depresión, dado que disminuye la vulnerabilidad al estrés y evita la aparición de estos trastornos. (Ahumada, F., 2015).

 

Esta intervención intenta comprender la inteligencia emocional dentro de la salud mental, para poder así ayudar a resolver uno de los problemas encontrados, presencia de agresividad, depresión y ansiedad, de los niños y jóvenes de la casa hogar, Ministerio de paz, pan de vida.

Dentro del marco teórico que justifica la investigación realizada para llevar a cabo dicha intervención, se encuentran los aspectos como: las teorías, enfoques o modelos que expliquen la de Inteligencia Emocional, Factores que intervienen en el desarrollo de la inteligencia emocional, Estrategias o técnicas para trabajar las emociones en la infancia, Infancia vulnerable en centros de acogida, casa hogar u orfanatos.


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