4. Antecedentes y marco teórico conceptual

  • 6.1 Conceptos y definiciones

    En primera instancia, sobre la salud mental, la OMS alude que no se trata solamente de la ausencia de trastornos mentales, sino de un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva, fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. Asimismo, según la OMS, la salud mental incluye conceptos como bienestar subjetivo, autonomía, reconocimiento de la habilidad de realizarse intelectual y emocionalmente (OMS, 2007; OMS, 2009).

    En conclusión, la salud mental es el bienestar que una persona experimenta como resultado de su buen funcionamiento en los aspectos cognoscitivos, afectivos y conductuales, ayudando al despliegue óptimo de sus potencialidades individuales para la convivencia, la recreación; y el papel del desarrollo emocional es un complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de una persona integral.

    6.2 Construcción de la salud mental y que herramientas nos podrían ayudar a construirla.

    Una pregunta lógica es ¿cómo es que construimos la salud mental? o, ¿qué herramientas nos podrían ayudar a construirla? En un intento de responder estas preguntas, se topa uno con el concepto de Inteligencia emocional; el cual se encontró por primera vez en 1990 por Mayer y Salovey. Estos autores definieron la inteligencia emocional como la habilidad de percibir con exactitud, valorar y expresar emociones; la habilidad de acceder o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad de comprensión emocional y conocimiento emocional; y la habilidad de regular emociones para promover el crecimiento intelectual y emocional”. (citado en: Ahumada, F., 2015). En palabras más simples, la Inteligencia Emocional (IE) es la capacidad de reconocer, entender, manejar nuestras propias emociones y reconocer, entender e influir en las emociones de los demás. Es decir, tomar conciencia de las emociones involucradas en nuestras conductas y cómo afectan a otras personas.

     

    6.3 La historia de la inteligencia emocional

    Los psicólogos han estudiado la inteligencia emocional desde que el concepto de “inteligencia social”, el cual fue introducido por Edward Thorndike en 1920. Luego, Howard Gardner se basó en esta teoría y agregó la idea de que más de un tipo de inteligencia contribuye a la habilidad cognitiva. En su libro de 1983 Estructuras de la mente: La teoría de las inteligencias múltiples, Gardner introdujo el concepto de inteligencia interpersonal e intrapersonal. Sin embargo, el término “inteligencia emocional” no obtuvo popularidad sino hasta la publicación en 1995 del libro La inteligencia emocional, escrito por el periodista científico Daniel Goleman. En su libro, Goleman define la inteligencia emocional y establece la importancia del coeficiente emocional para el liderazgo.

    Luego, en 2004, Peter Salovey y John Mayer ampliaron el alcance y comprensión de la inteligencia emocional. Solvey y Mayer desarrollaron la teoría del rasgo para desarrollar y medir la inteligencia emocional. Esto derivó en la primera prueba de inteligencia emocional, el test de inteligencia emocional Mayer-Salovey-Caruso (MSCEIT, por sus siglas en inglés).

    Hoy en día, la inteligencia emocional es estudiada por una gran variedad de psicólogos que buscan entender las diferentes competencias emocionales, las habilidades interpersonales que contribuyen a la inteligencia emocional, y la diferencia entre el coeficiente emocional y el coeficiente intelectual. Aunque muchos psicólogos no estén de acuerdo en los detalles exactos de la inteligencia emocional, la mayoría coincide en que es una habilidad que puede desarrollarse con práctica y entrenamiento. (Martins, J., 2024)

    6.4 Principios de la Inteligencia emocional

    Se puede decir que la inteligencia emocional, fundamentalmente (Gómez et al., 2000, citado en Vallejo Altamirano, D.R et al., 2017) se basa en los siguientes principios o competencias:

         Autoconocimiento. Capacidad para conocerse uno mismo, saber los puntos fuertes y débiles que todos tenemos.

         Autocontrol. Capacidad para controlar los impulsos, saber mantener la calma y no perder los nervios.

         Automotivación. Habilidad para realizar cosas por uno mismo, sin la necesidad de ser impulsado por otros.

         Empatía. Competencia para ponerse en la piel de otros, es decir, intentar comprender la situación del otro.

         Habilidades sociales. Capacidad para relacionarse con otras personas, ejercitando dotes comunicativas para lograr un acercamiento eficaz.

         Asertividad. Saber defender las propias ideas no respetando la de los demás, enfrentarse a los conflictos en vez de ocultarlos, aceptar las críticas cuando pueden ayudar a mejorar.

         Proactividad. Habilidad para tomar la iniciativa ante oportunidades o problemas, responsabilizándose de sus propios actos.

         Creatividad. Competencia para observar el mundo desde otra perspectiva, diferente forma de afrontar y resolver problemas.

    Este conjunto de principios expuestos, darán lugar a una mayor o menor inteligencia emocional. En este sentido, el hecho de que un individuo pueda tener una mayor creatividad que otro individuo, no quiere decir que de forma intrínseca obtenga una mayor inteligencia emocional, ya que concurren otros factores como si el individuo sabe explotar esa creatividad. Por el contrario, la falta de creatividad se puede ver compensada por una mayor automotivación.

    6.5 El modelo de habilidades

    Dentro de las Teorías, enfoques o modelos que expliquen la de Inteligencia Emocional, actualmente, pueden distinguirse principalmente 3 grandes modelos de Inteligencia Emocional: el modelo de habilidades, modelos de rasgos y el modelo mixto. (Citado en: Barba Roldan, N., 2015).

    El modelo de habilidades está basado en el concepto de IE propuesto por Mayer y Salovey, que consideran la inteligencia emocional como un conjunto de habilidades cognitivas referentes a las emociones. Este modelo hace referencia, por un lado, al procesamiento de información emocional y por otro lado su aplicación al pensamiento. De este modo, se concibe a la IE como el conjunto de competencias o habilidades que permiten el uso adaptativo y la utilización de las emociones para mejorar los procesos cognitivos. (Citado en: Barba Roldan, N., 2015).

    El modelo de habilidades está constituido por cuatro competencias principales de la IE (Citado en: Rivas Martínez, R., 2022):

         Capacidad de Percepción emocional: habilidad que sirve para identificar las emociones en uno mismo y en las otras personas que te rodean, a través de expresiones faciales y otros elementos como la voz o la expresión corporal.

         Capacidad de Facilitación emocional: habilidad de tener en cuenta los sentimientos cuando solucionamos un problema, además es la capacidad para asociar las emociones con otros sentidos, como el olfato y el gusto, o utilizar esas emociones para facilitar el razonamiento. En este sentido, esta habilidad ayuda a focalizar la atención en lo más importante, priorizando nuestros propios procesos cognitivos, ya que, dependiendo del estado de ánimo, el punto de vista cambia.

         Capacidad de Comprensión emocional: habilidad para resolver problemas e identificar qué emociones son similares, para promover el crecimiento personal. Esto implica conocer las causas de un estado de ánimo y las consecuencias que provocarán nuestras emociones.

         Capacidad de Regulación emocional: capacidad para estar abierto a las emociones, ya sean positivas o negativas, aprovechando o descartando la información de estas. Regula las propias emociones y las ajenas, potenciando las positivas y regulando las negativas, lo que implica tener un manejo del mundo intrapersonal e interpersonal. Por todo ello es la habilidad más compleja de la Inteligencia Emocional. (Citado en: Rivas Martínez, R., 2022).

    6.6 Factores que intervienen en el desarrollo de la inteligencia emocional

    En el proceso de desarrollo de un niño intervienen factores que implican patrones de crecimiento, cambio y estabilidad que se manifiestan desde el nacimiento hasta que se es adulto. Por tal razón, es importante conocer, estudiar y fomentar las condiciones indispensables para optimizar el desarrollo de un niño. Dentro de los factores que intervienen en el desarrollo de la inteligencia emocional se encuentran los siguientes (Porcayo Domínguez, B., 2014):

           Factores biológicos: Todos los seres humanos traemos una carga genética, que se refleja en cada una de las conductas individuales. Los genes son numerosos y se combinan de muchas formas entre sí, condicionando nuestro comportamiento. Conforme los niños se convierten en adolescentes y después en adultos, las diferencias en las características innatas y la experiencia juegan un papel importante en la adaptación o la forma en que los niños se enfrentan a las condiciones internas o externas.

           Factores ambientales: Se refiere a las condiciones exteriores de una persona, al medio en el que vive y con el que interactúa. Todos los contextos, entendidos como el espacio vital en el que el sujeto se desenvuelve, influyen entre sí, de modo que todo el conjunto repercute al niño que se está formando.

           El contexto histórico: Cada generación nace en un contexto definido que determina las condiciones en las que el sujeto va a desenvolverse a lo largo de su vida y las circunstancias de cada generación. En cada época hay un conjunto de valores, de conocimientos, de libertades, de influencias, un tipo de socioeconomía, de política, de religión, de conocimientos científicos y tecnológicos, que pueden influir sobre la forma como las personas se desarrollan. El contexto étnico no corresponde con el contexto cultural, pero también influye. La raza crea un determinado contexto y puede crear conflictos.

           El contexto socio económico: Implica un determinado nivel de vida de un país y permite generar o no redes de apoyo a familias y escuelas. La clase social a la que pertenece el individuo puede influir en el desarrollo y viene determinada normalmente por cuatro variables: el lugar de residencia, los ingresos familiares, la educación que reciben o han recibido los miembros de la familia y finalmente el número de integrantes de la familia. En el contexto familiar aparecen los primeros núcleos afectivos, educativos y ambientales. Todo contexto familiar va a predeterminar su comportamiento posterior. Por último, el contexto escolar es el contexto de socialización formal fundamental para el desarrollo integral del niño en países desarrollados. (Citado por: Porcayo Domínguez, B., 2014).

     

     

    6.7 Estrategias o técnicas para trabajar las emociones en la infancia.

    Desde el Modelo de Habilidades, donde la inteligencia emocional como un conjunto de habilidades cognitivas referentes a las emociones y este modelo está constituido por cuatro competencias principales que son: la capacidad de percepción emocional, la capacidad de facilitación emocional, la capacidad de comprensión emocional y la capacidad de regulación emocional existen diferentes técnicas para trabajar las emociones en la infancia, así como diversas propuestas metodológicas que sean efectivas, globalizadas, participativas y activas.

    6.7.1 12 técnicas para desarrollar la inteligencia emocional en la infancia (Flores Carretero, E., 2014).

         Enseñarle a reconocer y analizar sus gestos faciales en el espejo

    El autorreconocimiento de lo que el pequeño o la pequeña sientan es fundamental para desarrollar la inteligencia emocional en niños, y si a ello juntamos un juego de mímicas, tendremos la combinación perfecta para ayudarlos a llamar a las cosas por su nombre.

         Contar historias adecuadas a su edad

    Las historias y cuentos han acompañado a las civilizaciones humanas desde sus más tiernos inicios. Han sido un muy buen vehículo para transmitir enseñanzas a nivel colectivo, de generación en generación, por lo que pueden ser usadas para desarrollar la inteligencia emocional en niños. En la actualidad, existe una cantidad importante de cuentos antiguos, pero también de moralejas más actualizadas, que bien pueden servir como herramienta para el desarrollo de la inteligencia emocional.

         Animarle a jugar en grupo con otros niños

    La colectividad es también un punto valioso a tratar para desarrollar la inteligencia emocional en niños, pues al poder leer lo que sienten internamente, sabrán ser más colaboradores, empáticos y cooperativos con otros chicos, pues no queremos que crezca con síndrome del ermitaño. Cuando ayudamos a los chicos a estimular su inteligencia emocional infantil, estamos dando un paso enorme en contra del bullying escolar, principal responsable de los altos índice de depresión en adolescente y niños, pues les enseña a ver qué deben aprender a aceptar y respetar a los demás.

         Estimular las prácticas de movimiento libre

    También las prácticas de ejercicios corporales, de la ya conocida kinestesia puede ser muy útil para desarrollar la inteligencia emocional en niños, especialmente para aquellos que aprenden más a través de la experiencia con el tacto o por medio de actividades físicas.

         Usar de manera regulada alguna app sobre emociones

    La competencia emocional de un infante también puede ser trabajada con alguna app de juegos para niños sobre emociones, o algunas que existen para practicar una respiración de relajación, siempre y cuando lo uséis en conjunto y durante un periodo de tiempo prudencial.

         Crear espacios de escucha e intercambio de ideas en el hogar

    Haciendo un círculo, y proponiendo un tema que les preocupa a su edad, o algún suceso reciente que amerite ser discutido. Escucharlos y permitirles que se expresen en pro de su inteligencia emocional infantil.

         Mostrarle algunas técnicas de gestión de emociones

    El infante debe aprender a autogestionar lo que siente. Desde reconocidas técnicas de respiración para el control de la ira o el estrés, hasta algunos ejercicios de enfoque mental ante algún posible ataque de ansiedad son herramientas indispensables para desarrollar la inteligencia emocional en niños, que todo niño debería cargar en su mochila de vida.

         Impulsar una comunicación que le anime a persistir

    Enseñarles a los chicos que, para lograr objetivos personales, la persistencia es elemental. Los niños no saben cómo gestionar la frustración. Conversar con ellos frecuentemente y mostrarles apoyo afectivo y moral cuando las cosas no salen como se las esperan, es necesario para fortalecer su psique e impulsar una gran inteligencia emocional infantil.

         Establecer un diálogo que le permita razonar cualquier conducta inaceptable

    Un buen desarrollo de la inteligencia emocional está basado en la escucha activa, en la generación de puntos de encuentro en donde cada individuo sienta que su sentir también es válido. Sin embargo, con frecuencia estos intentan sobrepasar los límites. Por esta razón, todas estas actividades para desarrollar la inteligencia emocional están pensadas para sembrar la empatía en los más pequeños, pero también, para ayudarles a comprender que está bien enojarse, pero no está bien faltar el respeto al adulto responsable de su cuidado.

         Compartir actitudes empáticas y asertivas

    Los niños copian lo que ven de sus padres o cuidadores, para bien o para mal, así que debéis estar conscientes de que, si queréis desarrollar la inteligencia emocional en niños, ahora tendréis que aplicar vosotros mismos también, tanto en vuestra comunicación con ellos, como con el resto de personas. Esta es la manera que mejores resultados positivos traerá para desarrollar la inteligencia emocional en niños, ya que los chicos verán este tipo de actitudes de forma normada, y por ende; lo asimilen más naturalmente a su desenvolvimiento psicosocial fuera.

         Practicar una disciplina positiva

    Sigmund Freud, decía “No me cabe concebir ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona que la necesidad de sentirse protegido por un padre”. Esto más que nada será el epicentro para desarrollar la inteligencia emocional en niños.

         Explícale las consecuencias de lo que podría ocurrir

    Para desarrollar la inteligencia emocional en niños hace falta que los padres o cuidadores cambien su perspectiva sobre los métodos de crianza, y erradiquen aquellos que estén basados en la violencia. Cuando un infante hace las cosas mal, debe saber que habrá consecuencias, sin llegar a ningún abuso. (Flores Carretero, E., 2014).

    6.7.2 Categoría del Juego en la teoría es la de Gutiérrez Prieto, M. (2015) como estrategia para el desarrollo de Inteligencia emocional.

    En primer lugar, dada la importancia que el juego desempeña en el proceso de enseñanza y aprendizaje en la etapa de educación infantil, no puede pasar desapercibido, puesto que es en sí mismo una técnica y herramienta fundamental, que engloba a cualquier otra para trabajar las emociones y fomentar el aprendizaje de las mismas en el alumnado. A través del juego, se pueden enseñar nuevas maneras de sentir y pensar, además de actuar, partes integrales del proceso del aprendizaje emocional.

    En segundo lugar, el considerar a los infantes como sujetos activos, fomentando la atención, el interés y la curiosidad, se convierte en una técnica muy efectiva a la hora de trabajar las emociones. Con ello, se proporcionará a los niños/as la experimentación en primera persona.

    En tercer lugar, el proceso se debe considerar como técnica; esto es, un proceso continuo que sea capaz de afianzar y reforzar los conocimientos, de manera gradual y no intermitente. No menos importante es el papel de la creatividad como técnica. Es la expresión del propio mundo interior que rompe con toda forma única de pensamiento, crítica o rigidez de una sociedad determinada con el fin de desarrollar una forma de expresión propia que encuentre soluciones originales a problemas cotidianos, fomentando el placer por lo producido y aumentando una autoestima positiva. La estimulación de la misma debe ayudar a los niños/as a ser más flexibles, a tomar decisiones originales en un mundo de constante cambio, desarrollando un pensamiento cada vez más divergente. 

    Por último, otra de las técnicas sería la empatía, es decir, enseñar a ser capaz de ponerse en el lugar de otra persona para experimentar qué puede sentir, en relación a un suceso, un hecho, una emoción, etc.  (Gutiérrez Prieto, M., 2015).

     

    6.7.3 Técnicas de Salovey y Mayer para el uso inteligente de las emociones

    Salovey y Mayer proponen un método inteligente de manejar las emociones que incluye 4 técnicas distintas. Cada una de estas técnicas puede ser usada independientemente, pero al mismo tiempo cada una de ellas se construye sobre la base de las otras. Las 4 técnicas para el uso inteligente de las emociones son:

    1. Identificar las emociones en uno mismo y/o en los demás: Las emociones contienen datos, son señales que muestran los acontecimientos más importantes que suceden en nuestro mundo, tanto en el mundo interior, así como en el mundo social. Con ésta primera técnica, nos invitan a identificar con total precisión las emociones que nos suceden a cada momento, para ser capaces de expresarlas ante los demás y alcanzar la capacidad de comunicarnos.

    2. Utilizar las Emociones: Tener el estado de ánimo adecuado para facilitar algún tipo de pensamiento. Una de las características más sobresalientes que mencionan en su modelo, es que el modo como estamos sintiendo influye directamente en la manera de pensar y en la naturaleza de los propios pensamientos que estamos teniendo. Además, las emociones dirigen nuestra atención hacia los acontecimientos más importantes; para emprender una acción. Por último, el uso adecuado de las emociones, nos ayudan a guiar nuestro proceso de pensamiento para resolver los problemas que se nos presentan.

    3. Comprender las Emociones: Las emociones no son acontecimientos aleatorios, sino que tienen una serie de causas subyacentes. Las emociones cambian siguiendo una serie de reglas y, por lo tanto, pueden llegar a comprenderse. El conocimiento de las emociones se refleja en nuestro vocabulario emocional y en nuestra capacidad para realizar análisis de emociones futuras.

    4. Manejar las Emociones: Dado que las emociones contienen información e influyen en el pensamiento, necesitamos incorporarlas de forma inteligente a nuestro razonamiento, a nuestra forma de solucionar los problemas, a nuestros juicios y a nuestra conducta. La invitación es mostrarnos abiertos a las emociones, sean o no bienvenidas, para poder elegir diferentes estrategias que aprovechen la sabiduría que nos proporcionan nuestros sentimientos.

    Estas 4 técnicas ayudan a promover nuestro crecimiento emocional e intelectual. Un aspecto muy importante por comprender acerca de la inteligencia emocional, es que no es algo opuesto a la inteligencia racional, no es darle más peso al aspecto emocional sobre el racional, la inteligencia emocional es el punto intermedio entre las dos, es la capacidad de combinar la emoción con la razón, es la capacidad de combinar la pasión con la lógica. (S/A., 2022).

    6.8 Infancia vulnerable en centros de acogida, casa hogar u orfanatos.

    Cuando hablamos de infancia se entiende de los 0 a los 18 años, ya sea, primera infancia (0-5 años) infancia (6 - 11 años) adolescencia (12 - 18 años).

    Existen niños huérfanos y vulnerables en todo el mundo. Un huérfano se define como un niño que ha perdido a uno o ambos padres. La pérdida de uno de los padres clasifica al niño como "huérfano de padre o madre" y la pérdida de ambos padres como "huérfano doble".  En muchos casos, un "huérfano" aún puede vivir con la familia primaria o extendida.

    Pero cuando el gobierno y autoridades especializadas en esto, deciden que el infante vaya a vivir a una casa hogar, orfanato o un infante ingresa a un centro de acogida, como resultado de una situación de riesgo o desamparo, supone para él un momento traumático porque por muy negativa que haya resultado ser su situación familiar, quiera o no, se trata de su familia, de modo que la separación de ella resulta ser para él una ruptura con lo conocido, además de tener que adaptarse a un nuevo contexto. Este nuevo espacio en el que vivirá el menor implica que conocerá gente nueva (profesionales y menores), deberá adaptarse a nuevos horarios, compartir espacios, estudiar en un colegio nuevo, etc. (Alonso Díaz, L., 2015).

    Permitir a estos chicos aprender a adquirir conciencia de sus propias emociones y de la de los demás; manejar las emociones de forma apropiada teniendo una buena expresión emocional; poseer una buena autogestión personal; adquirir la capacidad de relacionarse socialmente mediante el dominio de las habilidades sociales básicas; para en un futuro conseguir competencias para la vida y el bienestar sabiendo fijarse unos objetivos adecuados, tomando decisiones acertadas, prepararlos para una vida posterior al centro de acogida.  (Alonso Díaz, L., 2015).

    Por otra parte, el mapa de las emociones que van atravesando es indescifrable para muchos de ellos. Piensan, sobre todo en la adolescencia, que nadie puede entenderlos, que no podemos ponernos en su lugar y, probablemente en muchos casos, tampoco podemos impedir lo que les hace daño.

    Sobre todo, aquellos que vivieron en situaciones de riesgo, crear contextos seguros, donde puedan expresarse, razonar y dominar las emociones al servicio de elecciones mejores, puede suponer una diferencia crítica en la manera en la que construyen su futuro.

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